Los pilares de la tierra californianos

Secuoya, pilar de la tierra. Calafiana

El estado de California tiene entre sus fronteras gran diversidad paisajística, desde la costa del Pacífico a valles, cadenas montañosas, desiertos y bosques frondosos. Debido en parte a su extensa superficie ocupando aproximadamente 423.000 km2 -vamos, unos 80.000 km2 más pequeña que España-. ¡Afortunados! Pero es que además, entre sus bosques, podemos encontrar un habitante bastante singular, la secuoya. En concreto, la secuoya gigante. Estos árboles serán los seres vivos más excepcionales que verán “Marie Donuts y Mario Cheesecake” durante su estancia en California.

Primer día: Costa Norte de San Francisco

Marie y Mario nos han venido a visitar unos días durante el transcurso de sus vacaciones por el Oeste de los EEUU. Entraron al país por Oakland y estuvieron dos días completos en San Francisco, a su aire. Al tercer día nos encontramos en la ciudad, en un día realmente claro y se podía decir que bastante caluroso. Primeramente nos concentramos en la zona del Golden Gate Bridge y Sausalito, donde comimos, según algún listo, “la mejor hamburguesa de yo qué sé área…de Sausalito, de la Bahía o del mundo”. Estaba buena, eso es indiscutible. Luego subimos un poco al norte, a Point Reyes.

Este saliente de tierra que es Point Reyes le debe el nombre al explorador y navegante Sebastián Vizcaíno que llegó a la costa un 6 de enero de 1603, el día de reyes. Aunque se dice que previamente había pasado por allí el corsario inglés Francis Drake, en 1579, que desembarcó en un punto no especificado del norte de California.

Siguiendo la ruta que habíamos hecho con nuestro amigo Mr Ribs unos meses antes por la costa del condado de Marin, estaba claro que íbamos a acabar comiendo ostras. Restaurantes, picnics, bares, en todos los sitios que te encuentras a lo largo de la costa se puede comer ostras. Nosotros entramos en uno donde comimos ostras a la barbacoa o rebozadas. Después de comer, de vuelta a Sacramento.

Segundo día: Old Town Sacramento

Tercer día: El territorio de la Fiebre del Oro

Al día siguiente era obligado conocer un poco nuestra zona, la de la Fiebre del Oro, porque recordad que estamos en el meollo.  No obstante, las distancias son grandes aquí, así que para ver los pueblos característicos mineros hay que recorrer unos cuantos kilómetros. Por ejemplo, desde Old Town (el “casco antiguo” de Sacramento, vamos) al pueblecito de Nevada City hay 1,5 horas y de éste al lago Tahoe, otra hora más, que es donde acabamos la tarde, a pocos metros de donde matan a Fredo Corleone… pobrecito. ¡Una de las muertes más famosas de la Historia del cine!

Cuarto día: Camino a Yosemite

El cuarto día recogimos el coche de alquiler y nos dirigimos a Yosemite, haciendo un par de paradas por el camino. La primera fue en Calaveras Big Tree. Este sitio con nombre tan curioso, que no está relacionado con nada tétrico, sino con el mineral calaverita del que se puede obtener oro, es un State Park que preserva dos bosques con secuoyas. Una de ellas es la llamada “Agassiz Tree”, una de las 10 secuoyas más grandes de Sierra Nevada. Mide cerca de 76 m de altura y 30 metros de circunferencia. Para hacernos una idea de su tamaño, un pino vulgaris mide unos 25 metros. Las secuoyas gigantes no son los árboles más altos, sino los más masivos, los más voluminosos. Estos “pilares de la tierra” son, en definitiva, los seres vivos más grandes del planeta y sólo, repito, sólo se pueden encontrar en áreas limitadas de la parte occidental de Sierra Nevada. También es cierto que en Vancouver, por poner un ejemplo, también hay secuoyas, pero no son gigantes y, por tanto, molan menos ¡je je! Desde San Francisco o Sacramento no hace falta ir hasta “Sequoia National Park” para ver estos auténticos  gigantes del bosque.

La siguiente parada, ya por la tarde, fue en los pueblos de Columbia y Jamestown, sitios históricos donde se han rodado multitud de películas, como por ejemplo “Sólo ante el peligro”, “El jinete pálido” o “Regreso al futuro Parte 3”.

Quinto día: Yosemite National Park

Finalmente, nuestra última parada fue Yosemite, donde pasamos juntos el día siguiente visitando el valle y donde nos separamos después de trincarnos unas hamburguesas buenísimas en el Buck Meadows, un restaurante que ya en la época de la diligencias servía comida a los viajeros.

Half Dome en Yosemite
Half Dome en Yosemite

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